Cada uno de nosotros tiene necesidades diferentes, como bien explicó Maslow con su pirámide. Algunas son necesidades básicas, como la nutrición y la protección, otras se refieren a las relaciones, como el afecto y el reconocimiento. Las emociones nos ayudan a satisfacer nuestras necesidades, ya que nos ayudan a sobrevivir, a distinguir entre una situación peligrosa y otra que nos provoca bienestar. Nos empujan y motivan a relacionarnos y comunicarnos con los demás.
Black Mirror es una joya de la pequeña pantalla que, en lugar de hipnotizarnos y hacernos olvidar el mundo que nos rodea, nos motiva a ser más críticos con nuestra realidad diaria. No es una serie convencional, no hay conexión entre los episodios, no es necesario verla en orden, no obliga a hacer una maratón de horas y por momentos es difícil de digerir.
Gritar sobreexcita el cerebro, nos pone en alerta y atención frente al delicado equilibrio de nuestras emociones. Esta forma irritante de comunicación basada en un tono de voz constantemente elevado, lamentablemente, es común en muchas familias. El malestar y las agresiones invisibles repercuten en los distintos miembros, dejando consecuencias muy profundas.
La compasión es la capacidad de comprender el sufrimiento de los demás y responde al deseo de aliviarlo y reducirlo. Este concepto es más simple y al mismo tiempo más intenso que la empatía, nos empuja a querer ayudar y mitigar un sufrimiento que nos es ajeno.