Muchas personas experimentan diversas fobias durante la infancia: miedo a la oscuridad, a ciertos animales, a personajes o seres fantásticos, a fenómenos naturales como tormentas, etc. Sin embargo, en la mayoría de los casos, estos miedos desaparecen a medida que se crece. Por eso se les llama miedos evolutivos. Pero ¿qué ocurre cuando ciertos miedos persisten en el tiempo e interfieren en la vida del niño? Un ejemplo de esto es la fobia escolar.