Hay personas y relaciones que nos hacen perder el tiempo, momentos de la vida preciosa cuya importancia sólo se hace evidente en los momentos críticos. Perder el tiempo significa dejar ir algo que nunca volverá. Cada uno de nosotros, de media, vive unos 27.000 días, sin contar el tiempo que dedicamos a dormir y los primeros años de vida que no recordamos.